Reseña y video de "El castillo de Otranto" de Horace Walpole

En esta reseña les quiero platicar sobre la novela El castillo de Otranto, del inglés Horace Walpole. Pero primero quiero contarles cómo fue que me interesó este libro. Hace muchos años, la primera vez que leí Drácula de Bram Stoker, vi que al final del libro venía una lista de más libros de terror, como La madriguera del gusano blanco, una novelilla muy mala también de Stoker; Psicosis de Robert Bloch, y entre ellos estaba El castillo de Otranto de Walpole. El título se me hizo enigmático, me atrapó desde el primer momento. Y por fin, muchos años después, encontré por casualidad la edición en español, a cargo del sello español Valdemar, especializado en literatura de horror.

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Los libros de la Geo: "El castillo de Otranto" de Horace Walpole

En su conocida monografía titulada “El horror sobrenatural en la literatura”, H. P. Lovecraft menciona El castillo de Otranto como un antecedente importante en la tradición anglosajona del cuento de terror por toda la influencia que ejerció en textos y autores posteriores. A Lovecraft le parece una novela “poco convincente”, “mediocre”, “melodramática” y “predecible”, pero reconoce que a partir de ella se disparó la fascinación por lo medieval, lo gótico y las atmósferas fantasmales. Antonio José Navarro, que es quien escribe la introducción de la edición de Valdemar, está de acuerdo con que la novela no es muy buena, pero señala que en ella aparece el castillo como un espacio que va a cobrar importancia en la literatura de horror, y qué mejor ejemplo de ello que Drácula.

Después de leer el libro, estoy de acuerdo con Lovecraft y con Navarro. La historia es bastante sencilla y predecible: una maldición pesa sobre Manfred porque sus antepasados usurparon el trono de Otranto, y por eso es acechado por la armadura gigante y fantasmal de Alfonso, el príncipe legítimo, hasta que llega Theodore, el heredero de Alfonso que reclama el trono después de aparecer como campesino. Al final Mafred obtiene su merecido y acaba sus días recluido en un monasterio. Los personajes son estereotipos, sin mucha profundidad psicológica. El protagonista, el príncipe Manfred, es el malo de la historia que es castigado por sus crímenes de ambición, incesto y usurpación. Su esposa, Hippolita, es un modelo de mujer que ya no me parece aceptable en nuestros días: es sumisa, sufrida, y depende totalmente de su marido, del cura y de Dios. Las princesas Matilda e Isabela son bellas, jóvenes y vírgenes, y el héroe, Theodore, tiene todas las virtudes del mundo.

Sin embargo, como señalan el propio Antonio José Navarro y el crítico español, Rafael Llopis, quien prologó el primer libro de Lovecraft que llegó a mis manos, un librito al que le tengo mucho cariño que se llama Los mitos de Ctulhu, es justo situar la novela en su contexto, y eso es también lo que, a mi juicio, la convierte en un texto importante, pese a sus absurdos y sus fallas. Lo primero es que la novela data del siglo XVIII, una época en la que la razón es lo más importante. Es la época de imitar a los griegos, a los romanos en arquitectura, en pintura, en literatura, y cualquier cosa que no se relacionara con pensar, es decir, todo lo que a partir de Freud le llamamos inconsciente, estaba mal visto. En este contexto, Horace Walpole se atreve a escribir El castillo de Otranto e introduce elementos que eran impensables en ese momento: la vuelta a la Edad Media (aunque ya empezaba a brotar un poco el interés, éste aún era incipiente), las supersticiones, el elemento del castillo gótico, los fantasmas, la imaginación, como el mismo Walpole confiesa: “Los milagros, las visiones, la necromancia, los sueños y otros acontecimientos sobrenaturales ahora son excluidos de la narrativa” (Walpole: 11).

Así pues, tenemos que colocar a El castillo de Otranto en el lugar que le corresponde, a pesar de que el lenguaje, las descripciones y los diálogos nos puedan parecer torpes y cursis:

—Eres tan ingenua y tan virtuosa, mi buena Hippolita… A Manfred no le interesa ya nada que concierna a tu vida—dijo Isabella—. Quiere divorciarse de ti.

—¿Que Manfred quiere divorciarse de mí? —dijo Hippolita […]

—Así es —respondió Isabella—. Y además, y con la intención de hacer más terrible aún su perfidia, alberga Manfred la intención de… ¡Pero no os lo puedo decir!

(Walpole, El castillo de Otranto: 181)

El castillo de Otranto es pues uno de los primeros intentos de un género que apenas estaba naciendo, y que gracias al atrevimiento creativo de Walpole, vinieron cosas bien interesantes después, como el Udolpho de Anne Radcliffe, El monje de Mathew Gregory Lewis o Melmoth de Charles Robert Maturin.

No obstante las aparentes fallas en cuanto a construcción de trama y personajes, los invito a que lean El castillo de Otranto, porque algo que sí logra hacer muy bien Walpole es atraparnos, queremos saber qué pasa con la maldición que cayó sobre Manfred, de quién es la armadura del gigante, por qué pasan cosas extrañas en el castillo… y todo con la atmósfera medieval y tenebrosa que nos ofrece un buen relato de horror gótico.

En el próximo post quiero platicarles algunos tips para crear personajes y atmósferas tenebrosas y no morir en el intento.

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